
Camila Bio –
No era falta de amor reúne veinte historias de parejas que llegan al final de su relación aunque el amor todavía existe. A través de situaciones y motivos diferentes, el libro explora una pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿por qué alguien decide marcharse cuando todavía ama? Una mirada a las rupturas sin buscar culpables, mostrando que, a veces, amar a alguien no significa poder seguir compartiendo una vida.
Tres preguntas al autor/a
1. En No era falta de amor planteas esta situación: dos personas pueden seguir queriéndose y, aun así, decidir separarse. ¿Qué te llevó a explorar precisamente ese lado de las rupturas del que se habla menos?
La idea nació de algo que he vivido, pero también de observar a otras personas. De escuchar historias, de conocer rupturas de cerca y de descubrir que quien decide marcharse también puede estar atravesando su propio dolor.
Existe una tendencia a mirar las separaciones desde el lugar de quien se queda. Sin embargo, al otro lado puede haber alguien que también ama y que lleva mucho tiempo enfrentándose en silencio a una realidad difícil de explicar.
Porque amar a una persona no significa necesariamente querer la vida que se está construyendo junto a ella. Dos personas pueden quererse profundamente y, aun así, avanzar hacia lugares distintos. Hasta que llega un momento en el que una de las dos personas comprende que sigue amando a quien tiene delante, pero ya no quiere continuar viviendo de esa manera. Marcharse no significa necesariamente que haya dejado de amar. A veces significa que ha comprendido que también tiene una vida propia.
De ahí nace No era falta de amor. De querer mirar también hacia ese lado de una ruptura. Hacia quienes se marchan queriendo, hacia las razones que no siempre se dicen y hacia una pregunta que no tiene una respuesta sencilla: ¿qué ocurre cuando el amor permanece, pero ya no es suficiente para querer quedarse.
2. En muchas historias de ruptura solemos mirar a quien se queda, pero tú también das voz a quien toma la decisión de marcharse. ¿Qué descubriste al ponerte en el lugar de esa persona y mostrar que marcharse también puede implicar dolor,dudas y sentimientos de culpa?
He descubierto que el amor no siempre desaparece cuando termina una relación. Y eso permite entender algo que desde fuera suele resultar difícil de aceptar: que una persona pueda sentir que ama a dos personas a la vez.
A menudo se juzga esa afirmación como si necesariamente significara indecisión, engaño o falta de amor hacia la pareja actual. Sin embargo, pueden coexistir sentimientos muy distintos. Son amores diferentes, ocupan lugares distintos y pertenecen a momentos distintos de la vida.
Rehacer la vida tampoco borra automáticamente lo que se sintió. Hay personas que siguen sintiendo culpa por haberse marchado, pena cuando recuerdan determinados momentos o incluso un profundo arrepentimiento por el dolor que provocaron.
Ahí aparece una de las contradicciones más difíciles: echar de menos a una persona sin querer recuperar la relación. Amar lo que fue y, al mismo tiempo, saber que aquella vida no era la que querías para ti.
Eso es lo que más me interesó al escribir desde ese lugar: descubrir que detrás de algunas despedidas no existe ausencia de sentimientos, sino precisamente todo lo contrario.
3. Las veinte historias muestran circunstancias diferentes, pero todas dejan abierta una pregunta: ¿Amar a alguien siempre es motivo suficiente para quedarse? ¿Qué te gustaría que el lector se planteara después de leer el libro?
Me gustaría que el lector se planteara una realidad que muchas veces preferimos no asumir: quien decide terminar una relación no siempre lo hace porque haya dejado de amar, ni porque haya ocurrido algo enorme.
A veces la razón está en cosas mucho más pequeñas. Tan pequeñas que incluso quien las siente aprende a restarles importancia. Puede ser un no me importa, una actitud que se repite, una necesidad que nunca encuentra espacio o una diferencia cotidiana que se acaba aceptando como insignificante.
Pero quizá nadie está viendo que ese algo lleva ocurriendo todos los días durante años. La persona imagina lo que ocurriría si intentara ponerlo en palabras: los demás no lo entenderían. Lo juzgarían. Le dirían que eso no es motivo para dejar una relación. Pero también merecen ser escuchadas.
La gente necesita empezar a reconocer que esos sentimientos existen. No esconderlos hasta que la única salida sea desaparecer de una relación sin conseguir explicar por qué. Porque no siempre hay villanos. A veces simplemente hay una persona tomando una decisión sobre la única vida que tiene.
Eso es lo que me gustaría que quedara después de leer el libro: que aprendamos a escuchar también a quien se marcha, a no reducir su decisión a una sola frase y a comprender que detrás de algunas despedidas puede existir un dolor que nadie consuela.
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Rincón de comentarios
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Muy buen libro!
Ojalá mi ex pareja lo entendiera
me parece muy interesante el como te proponen esta obra en varios contextos y situaciones