QUE ALMA MÁS BONITA TIENES, ROCKY

Poema dedicado a mi perro Rocky, mi compañero de vida.

Es lo que siempre nace de mí 
cuando acaricio tu cabeza
cuando te abrazo y beso tu hocico
cuando tus ojos buscan los míos
como si el mundo entero cupiera en ese instante.

Si alguien me preguntara
cuál ha sido la experiencia más bonita
que la vida me ha regalado
no dudaría ni un instante.
Ha sido conocerte
quererte
cuidarte
y descubrir que un alma tan pequeña
podía contener un universo entero.

Porque mientras creía cuidar de ti
tú, en silencio, llevas años cuidando de mí.
A tu manera.
Como solo saben hacerlo quienes aman sin conocer la palabra amor.

Dicen que los perros dependen de nosotros para vivir.
Yo creo que, muchas veces,
somos nosotros quienes aprendemos a vivir gracias a ellos.

Para conocer un alma buena
basta con mirar tus ojos.
En ellos vive la bondad
como vive el agua en un río
sin esfuerzo
sin alardes
simplemente porque esa es su naturaleza.

Quizá nunca llegue a comprender
por qué nuestros caminos se encontraron.
Pero hay verdades que no necesitan explicación.
Y una de ellas es que siempre te he sentido
como un regalo de Dios.

Deseo que la eternidad tenga memoria.
Que exista un lugar
donde las almas
se reconozcan al instante
aunque haya pasado un universo entero.

Y que, cuando llegue mi momento
te vea correr hacia mí
con la misma alegría de siempre
con esos ojos buenos
que nunca supieron hacer daño.

Entonces volveré a besar tu cabeza
Volveré a abrazarte y a besar tu hocico
Cerraré los ojos un instante
Y, con el mismo nudo en la garganta,
con la misma emoción
con la que hoy te lo susurro al oído
volveré a decirte...


Qué alma más bonita tienes, Rocky

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