
De origen argentino y afincado actualmente en España, Pablo A. Malacalza ha construido una voz literaria profundamente emocional e introspectiva desde la que explora el amor, la pérdida, la conciencia y los vínculos que trascienden el tiempo.
Entre sus obras destacan No todos los perritos van al cielo, Vibraciones ancestrales, Eternamente conmigo y Memoria salvaje. Todas ellas unidas por una misma sensibilidad: la de despertar preguntas y emocionar, dejando que sea el lector quien encuentre su propia interpretación.
Sus relatos invitan a detenerse, mirar de cerca y recordar que, a veces, lo más simple nos cambia para siempre.

NO TODOS LOS PERRITOS VAN AL CIELO
En esta ocasión quiero acercaros a No todos los perritos van al cielo, un libro que reúne veintiún relatos sobre perros, el amor, la memoria, el duelo y las despedidas. Cada historia refleja la extraordinaria capacidad que tienen estos animales para acompañarnos, transformarnos y dejar una huella que permanece mucho más allá de su ausencia.
El origen de este libro es, probablemente, uno de los aspectos más especiales. Pablo A. Malacalza lo escribió como un homenaje a todos los perros que compartieron su vida y, de manera muy especial, a Bianca y Aruma, dos perritas que marcaron su vida y dejaron huellas tan profundas que se convirtieron en palabras.
Un homenaje a quienes dejaron sus huellas, efímeras sobre el suelo, pero eternas en nuestro corazón.
Hay libros con los que uno conecta de una manera especial. En mi caso, No todos los perritos van al cielo lo ha conseguido porque comparto con Pablo A. Malacalza esa forma de entender el vínculo que puede llegar a existir entre un perro y un ser humano. Quienes hemos tenido la suerte de sentir esa conexión sabemos que es un lazo que trasciende lo visible y que, al menos para mí, continúa más allá de la propia vida. Quizá por eso este fragmento me emocionó desde las primeras líneas: por la sensibilidad con la que está escrito y por su capacidad para expresar sentimientos que muchos llevamos dentro y que pocas veces encontramos escritos con tanta sinceridad.
A continuación, os comparto un fragmento de No todos los perritos van al cielo. Espero que lo disfrutéis tanto como yo.
La tormenta se tragaba el horizonte. La madre salió envuelta en mantas, los ojos abiertos como si pudieran atravesar la nevada. El padre se ató cuerdas a la cintura, gritando nombres que el viento arrancaba y dispersaba. La nieve entraba en la boca y quemaba. A lo lejos, se movían dos figuras grandes y poderosas, con pelaje blanco y gris que se confundían con la nieve. Eran los perros que habían cuidado siempre a los cachorros, los Centinelas del Invierno, guardianes del campo y de la nieve. Llegaron sin ser llamados. Olfatearon el aire, inclinaron la cabeza y comenzaron a caminar, siguiendo un rastro que nadie más podía percibir. Los padres del niño entendieron sin palabras. Se dejaron guiar, siguiendo las siluetas en el blanco infinito. El viento era tan fuerte que a veces no podían abrir los ojos. Las manos se les entumecían. El miedo crecía con cada paso, no por la tormenta, sino por lo desconocido, por lo que estaba por revelarse…
UN VIAJE QUE CONTINUA ENTRE SUS PÁGINAS
Deseo que estas líneas os inviten a descubrir el resto de una obra escrita con una sensibilidad que deja huella.
Este viaje continúa más allá de estas líneas. Si deseáis conocer mejor a este autor y su obra, podéis visitar aquí su página web oficial
Gracias por estar al otro lado, hasta la próxima historia.




